
No sé cuando comenzó el retorno. Quizás desde el primer día que pisé Londres hace dieciséis años o tal vez unos años después. Lo cierto es que la vuelta fue gradual, tan sutil que fue por largo tiempo imperceptible.
Cuando llegué a Londres, invertí toda mi energía en adaptarme a mi nuevo hogar. No había tiempo para la nostalgia, ni siquiera mucho espacio para entretenerme en mi venezolanidad.
Antes de partir, comencé a prepararme desde mi sofá con vista al Ávila, leyendo la biografía del General Wellington y luego la épica de Roy Jenkins sobre la vida de Winston Churchill. Leía noticias del Reino Unido en la BBC todos los días y retomé mi antiguo romance con los Beatles, Pink Floyd y otros músicos británicos. Estaba determinada a partir con buen pie, firme en mi decisión de abrirme a las experiencias que me deparara el destino en Inglaterra.
Recuerdo una tarde, pocos días antes de tomar mi vuelo a Londres en 2007, manejando por la autopista del Este a la altura del CCCT, cantando Madera Fina de Yordano con lágrimas en los ojos, mientras el Ávila se imponía a través del parabrisas del carro. Era la inminencia del adiós y del comienzo de un proceso, cansón pero emocionante, de adaptación a una nueva cultura, una nueva tierra, una vida nueva.
Durante apenas tres o cuatro años, volvimos a Caracas para pasar las navidades en familia. Luego, mi mamá se mudó a Estados Unidos y no fue difícil trasladar las navidades en familia a Florida, que se convirtió en el punto de encuentro de los emigrados y los no emigrados.
Hoy escribo desde Caracas, después de doce años distanciada de ella. Este retorno, aunque temporal -solo por vacaciones- es muy significativo para mi. Comenzó quizás hace 12 años y a pesar de que fue muy gradual, casi imperceptible, se convirtió poco a poco en un gigante, en un monstruo de nostalgia que he llegado a definir en ocasiones, en secreto pues no me gusta sonar dramática, como un trauma. El exilio tiene esa faceta trágica, descrita por los griegos en la antigüedad como una condena peor que la muerte. Solo cuando se experimenta, se entiende.
Acompañado al monstruo de la nostalgia, coseché también un temor de que cuando volviera a Venezuela, me sentiría ajena, fuera de lugar y por tanto huérfana de hogar. ¡Qué alegría darme cuenta de que no es así! Ha sido un alivio para mí el comprobar que todo encaja en su sitio, que a pesar de las circunstancias -políticas, sociales y familiares- mi idiosincracia es inamovible y por tanto nadie nunca me la podrá expropiar.
Es posible que el retorno haya comenzado hace 8 años, cuando me aboqué a escribir Madera Fina para indagar mis propias raíces, vistas desde los ojos foráneos de un explorador inglés llamado Walter Raleigh pero sobretodo, desde los ojos de otras mujeres venezolanas, sabias y míticas, como Maria Lionza y las amazonas.
Sea como sea, en algún momento, el paso del volver se hizo firme: imposible de ignorar. Me metí a profesora de español de muchachos de 16 a 18 años, a quienes pongo a traducir canciones de Serenata Guayanesa, les cuento de la magia de los tepuyes en Venezuela y les hablo de la belleza de nuestro mestizaje y su impacto en nuestra rica cultura. Mis alumnos ingleses se ríen de mi forma de hablar, tanto el inglés como el español, pero viajan con gusto a Latinoamérica varias veces por semana conmigo y eso me llena de satisfacción.
La realidad es la siguiente: mientras más vivo y me adapto a la cultura británica, más venezolana me siento. Quizás nunca hubo una partida, ni tampoco un retorno. Quizás todo lo que hubo fue un despertar. Desde el jardín de mi casa de la niñez en Caracas estos días, me armo con unos binoculares para observar todos los pajaritos que nos visitan. Quiero ponerle nombre a todos, llevarme conmigo a Londres no solo el canto del Cristofue y los gritos de los periquitos, sino también su imagen y su color, para imaginármelos en invierno cuando me pegue la nostalgia. Ahora indago más, me relaciono con Venezuela con más madurez y menos apasionamiento.
Me gusta mucho la interpretación sobre el exilio que hace Nicolás Hochman (2018), basado en las teorías sobre este tema del filósofo francés Jean-Luc Nancy (1996):
“…mientras algunos muestran al exilio como una desgracia, o como la máxima desgracia posible (Ovidio), otros lo viven como una posibilidad, como la más radical y beneficiosa de las posibilidades (Plutarco). En definitiva, «el exilio es un pasaje por lo negativo o el acto mismo de la negatividad, comprendida esta como el motor, el recurso a una mediación que garantiza que la expropiación termine reconvirtiéndose en una reapropiación»”
En mi caso, nunca hubo expropiación. Ese ha sido mi descubrimiento más feliz en este viaje. Creo que hay que darle crédito a nuestra idiosincracia de impedir que esto ocurriera. Sonará cliché y no importa porque luego de entrar en contacto con tantas culturas en estos 16 años viviendo en Londres, he podido comprobarlo: nuestra candidez, hospitalidad y solidaridad no se comparan con la de ninguna otra cultura. Estoy en casa y todos me han hecho sentirlo así, como si no hubiesen pasado 16 años, como si nunca la nostalgia se hubiese convertido en un gigante dentro de mí.
Estos días estoy leyendo Cuba: a History por el autor Hugh Thomas. Llevo rato visitando música cubana y siento que esta canción describe mi sentir estos días.
Amor de loca juventud de Buena Vista Social Club
Excelente, Ginny. Me gustó mucho. Dios te bendiga.
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Un belleza de escrito Ginny. Un abrazo para todos!
Me ha encantado y me he identificado en mucho y por otra parte espero identificarme cuando vuelva por ahora van 8 años…: pero en mi fuero interior sé que me pasará algo así, ese miedo de no encontrarme allí se pasará! Un beso gigante Ginny y disfruta mucho. Que suerte con tu abuelita!!! ❤️
¡Excelente! Así es, “la más beneficiosa de las posibilidades” que nos ha permitido ver al mundo con nuevos ojos y criar ciudadanos del mundo.. Linda la canción… sí mueren las ilusiones del ayer, pero siempre nacen nuevas, así que a seguir soñando. Sigan disfrutando y envíen abrazos a toda nuestra gente.
Ginny espectacular!!! Te quiero! ❤️
Thank you for posting and sharing.
Fantastico Ginny! Me encanto el articulo y saber que te sientes en casa.